jueves, 27 de diciembre de 2012

El plástico nos tiende trampas. Si vamos a la playa, allí está, flotando entre las olas. Si nadamos entre los ríos, en los remansos se acumulan las bolsas abandonadas. Si entramos a un lago, las vemos sobrevolando como aves sin rumbo hasta caer en un punto indefinido. Es tan común, que pocos se percatan de que el   agua misma naufraga entre sus bolsas. Y nosotros, nosotros con ellas.

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