sábado, 15 de junio de 2013

Cuando llueve solemos cubrirnos. El agua daña los peinados y corre el maquillaje.  Pero también embellece. Nuestros ángulos son otros, nuestra expresión se enriquece de matices. Que llueva, truene y relampaguee si con ello nos reinventamos.

lunes, 3 de junio de 2013

Sucede que a veces en la vida todo se desmorona. Que los cimientos colapsan, los techos caen, las paredes se vienen abajo. Que las certezas caen por su propio peso. Y entonces queda poco o nada. Salvo ese impulso vital llamado amor. Y como su símbolo, esa persona que ha estado siempre, que ha luchado por uno, que ha apostado su vida por permanecer al lado. Ella, entre las ruinas, en medio de los derrumbes, es lo más cercano a la salvación. Puede caerse el mundo si bien lo desea si ella sigue allí. Ella es el agua que apaga la sed. 

viernes, 31 de mayo de 2013

¿Cuál de los dos es el reflejo? ¿El del agua, que hace 2.000 millones de años vio nacer de sus mares los primeros cuerpos que buscaron la tierra para caminar y alimentarse? O el de tierra firme, que se busca en los espejos para entender quién es y qué hace en este planeta? ¿O los dos, que siempre se buscan? Me quedo con esa idea: siempre nos duplicamos. En el agua no tenemos sombra sino reflejo: nuestra parte oscura fluye. Y ambas son bellas. Ambas provocan la sed.



jueves, 30 de mayo de 2013

Y despertarse en el sueño, húmeda, bañada por una sensación que tomó vuelo y ahora invade el cuerpo, para darse cuenta de que se está inundada por el deseo. También esa es otra clase de sed. La del agua que se hace en la boca, la del agua que nos pide beber de la orilla de la piel. Mientras despertamos, el grifo corre y la tina se inunda.

martes, 28 de mayo de 2013

Si usted detalla un espejo de agua se dará cuenta de dos cosas: para que exista es necesario que haya quietud; además, para que pueda reflejarse, la luz debe provenir de un ángulo específico y el fondo opaco ayudar a la imagen a definir sus formas. Lo más bello de los reflejos es que son, siempre, imperfectos. Insisto: nadie nos refleja mejor que el agua: nunca somos lo que aparentamos. Pero es en la quietud, en la calma, en la capacidad de detenernos y detallarnos cuando mejor nos vemos en nuestro espejo de agua: volátiles, fugaces, simples reflejos de luz, duales, y sin embargo magníficos en nuestra duplicidad.

domingo, 26 de mayo de 2013

 
El mitológico nacimiento de Afrodita, quien emerge de las aguas del mar, ha sido llevado al arte por antiguos como Apeles o creadores del Renacimiento como Botticelli. Es una de las imágenes más poderosas del mundo: que la diosa de la belleza y del amor surja de entre las aguas no deja de inspirar generaciones. Porque cuando uno retrata imágenes como esta, entiende cómo en los últimos 2.300 años de historia conocida la idea de que del agua nazca lo hermoso sigue siendo un hecho.

jueves, 23 de mayo de 2013


"Ese terreno que muchos llamaron terruño porque les fue afín, y que luego pasó a ser un suelo pisoteado, y que se fue quedando solo mientras las ciudades se rebosaban. Suelo agotado. Suelo que se cansó ya, se repetía, acelerando el paso, con la sed clavada en la garganta. Y ahí, en esas ruinas, los últimos humanos que se resistían a abandonarlo todo". Fragmento del libro La Sed.

martes, 21 de mayo de 2013

Hay momentos de perfección en los que todo fluye y encaja, y en los que no hay nada que hacer salvo sentir el flujo de la poderosa energía del entorno. En la cascada torrentosa que desciende tras las lluvias del invierno en el país, Sandra ejecuta una asana de yoga. Ella no lo sabe, pero yo obturo la imagen y me detengo. Bajo la cámara, olvido el trabajo y me estremezco: la belleza me roba el aliento mientras el vapor de agua salpica mi cámara y mi rostro. Corre una lágrima de emoción.

domingo, 19 de mayo de 2013

Agua somos y al agua volvemos. Me lo decía Diana, sentada en la orilla, cuando le pregunté por qué regresaba año tras año a los mismos lugares de agua cálida del trópico. Ella, como todos nosotros, somos dos al mismo tiempo: ese cuerpo presente que vive el día a día, y esa sombra que dejamos en los lugares que nos atrapan y que nos invita a volver porque allí se queda una parte nuestra. En el agua, la sombra de Diana no se diluye: resurge de ella como si se tratara de una moderna Afrodita.

martes, 7 de mayo de 2013


En la cascada impetuosa crecida por este invierno de intensas lluvias en todo el país, las manos de Sandra Sierra parecen fundirse en el agua que cae. También sus brazos que, al parecer, nacen de ella. No es casualidad: el 70 por ciento de nuestro cuerpo es agua; de ella salieron los primeros seres vivos; a ella volvemos cuando nos atormenta la sed. Pensar que pueda contaminarse por la pereza de levantar los desechos o porque las empresas arrojan sus desperdicios nos duele. Pero mientras, levantamos los brazos. Y nos fundimos en su fuerza y presencia.




jueves, 25 de abril de 2013

El agua cayó con lentitud sobre el centro del cráneo, y se deslizó por los cabellos largos y castaños hasta bañar los hombros, a la manera de las emociones profundas: como una onda expansiva, capaz de remecerla en sus cimientos y de erizarle la piel sin atenuantes ni vergüenza.
Fragmento tomado de la novela La sed.

miércoles, 17 de abril de 2013

Los cielos se fueron poblando de plásticos, los caminos taponados de desperdicios, los rellenos sanitarios desbordados, los aparatos electrónicos desechados con sus tripas de circuitos abiertas al sol, el paisaje  se transformó cuando se cubrió de nubes cerradas y bajas. Entre todas las imágenes, como un hilo conductor, como el alambre que cruza las tapas aplastadas de metal que ligan a una pandereta, estaba la fría ira de haberlo perdido todo y de seguir sobreviviendo.
Fragmento tomado del libro La sed.

viernes, 12 de abril de 2013

Vamos y volvemos. Vamos y volvemos por la vida. Vamos y volvemos por los días, la rutina, los errores, las presiones, los trabajos incómodos, lo funesto y también lo placentero y lo glorioso. Igual a como lo hace el mar, en su rutina, vamos y volvemos por las mismas orillas. Y sin embargo jamás somos los mismos. Jamás nos repetimos. Nunca la ola es igual ni la orilla permanece idéntica. No nos damos cuenta de lo que el agua nos enseña, de que siempre somos otros.  

lunes, 8 de abril de 2013


Hay pequeños actos de fe en los que creo por un defecto profesional venido del periodismo: si uno habla de la degradación del mar y solo muestra la contaminación y las cifras, lo más probable es que la gente lo pase por alto. Algunos lo leerán, por fortuna, pero el grueso del público acostumbrado a las noticias ligeras lo verán de reojo. Pero ese público necesita saber lo que ocurre. Así que si una mujer como Didi del Mar acepta posar en las playas limpias que quedan cerca de Santa Marta; si la arena y el mar se ven en la imagen como eran antes, si hay belleza y armonía en la imagen, quizás provoquen el deseo en muchos de recuperar lo que parece perdido. Yo creo en el poder de la belleza para emocionar. Tal vez si amamos algo nos duela más saber que lo estamos perdiendo.

jueves, 4 de abril de 2013


Diana Hoyos nació en Medellín, pero su cercanía con el mar define su espíritu viajero. Aunque ahora vive en Sudáfrica, cada vez que vuelve al cálido mar del Caribe entra en contacto con su esencia más íntima. Por eso mismo le preocupa lo que suceda con el agua. Esta imagen representa su preocupación y la mía: su cuerpo descansa sobre una canoa invadida por la arena en una playa con las redes depuestas en la orilla: el cuerpo humano abandonado a merced de la sed. En pocas palabras, náufragos perdidos en la arena.

jueves, 21 de marzo de 2013

En mi infancia, el mar de Santa Marta permitía ver el horizonte y la sensación para quienes lo hacíamos era de una plenitud sin fin. Ahora, como se ve en esta imagen que capté desde la bahía de El Rodadero, priman los buques carboneros y el paisaje es una suma de siluetas que el año pasado llevaron al mundo 55 millones de toneladas gracias a cuatro puertos ubicados en un espacio mínimo de 28 kilómetros. En 2010 ya se habían hundido nueve barcazas con 600 toneladas de carbón cada una. La pesadilla ha continuado desde entonces. En el Día del agua, mi ruego va por el agua que escasea en todo el mundo, pero en especial por el mar de Santa Marta.

lunes, 18 de marzo de 2013

En el agua y en la sed nos reflejaremos. En el líquido encontraremos nuestro rostro, como visto a través de un espejo, y en la sed el reflejo de lo que hemos perdido. Si seguimos minando los recursos, ambas se unirán en un solo deseo de bebernos de un sorbo la vida misma.

martes, 12 de marzo de 2013

Después de la sed, ¿qué viene?, me preguntan. Si la sed persiste, nada viene y tampoco hay salvación. Pero si se apaga y llega el agua, si llega el júbilo y vuelve la calma, al menos debe quedarnos la reflexión. Así es: tras el ardor de la garganta y la desesperación, deberíamos conservar el instante de lucidez en el cual,  humedecidos por el líquido, adquirimos la conciencia de que no nos pertenecía. Sus aguas nos visten de humanidad cuando comprendemos que sin ellas estamos desnudos.